Cumpleaños

El día 28 de diciembre este blog cumple un año. Eso significa que la tierra habrá dado una vuelta alrededor del sol, a una velocidad de unos 107.000 kilómetros por hora. Podríamos pensar que en ese recorrido, nuestro planeta ha regresado al mismo lugar de donde partió. Pero no es así, porque el sol y todos los planetas que orbitan a su alrededor viajan por la galaxia a unos 790.000 kilómetros por hora. A su vez, la galaxia viaja por el espacio a unos 900.000 kilómetros por hora. Por tanto, aunque estemos dando vueltas, nunca regresamos al lugar del que partimos.

Me gusta la sensación que me produce sentir lo pequeños y grandes que somos a la vez. La vida es maravillosa, cada ser es irrepetible. En este pequeño planeta vivimos nuestros dramas y nuestras comedias, como si fueran lo único importante. Cuando me agobio por algún problema, a veces lo relativizo así, pensando en la grandeza del universo. Otras veces lo hago desde el otro ángulo, reflexiono en la maravilla de la vida, en que lo maravilloso que es estar vivo.

Hay una meditación que me ayuda a “reubicarme”, a quitarle peso a las cosas. Su finalidad no es evadirme, porque como siempre suelo decir, la meditación que yo practico es para estar más presente, no huir de mi realidad. Más bien, como decía antes, esta meditación me ayuda a relativizar, a quitar peso a cargas emocionales. Creo que es como si tuviera el poder de disolver nudos. Os invito a practicarla de vez en cuando y ver qué sentimos.

La técnica es la siguiente: nos sentamos cómodamente, procurando tener la espalda vertical, pero sin tensión. Durante unos minutos nos centramos en la respiración, en la entrada y salida de aire. Cada vez que soltamos el aire, soltamos tensiones. Entonces, con los ojos cerrados, nos imaginamos que nos vamos disolviendo hasta convertirnos en una esfera de luz, somos una esfera de luz. Poco a poco el tamaño de la esfera va aumentando, más y más, tomando el tamaño de la habitación, de la casa, del barrio, de la ciudad… de la Tierra… del Sistema Solar… más y más grande, todo lo grande que podamos. Después empezamos a disminuir de tamaño, cada vez más pequeños… hasta llegar a ser como un punto de luz mínimo. Y entonces el punto desaparece en el vacío, y no queda nada, solo nuestra mera conciencia. Nos quedamos en ese estado no conceptual, sin pensamientos, durante el rato que nos dure. En el momento que comienza de nuevo nuestro discurso mental, nos imaginamos de nuevo con nuestro cuerpo, y terminamos la meditación.

Os dejo este vídeo sobre el tamaño relativo de nuestro planeta. A mí me gusta mucho tener una referencia de nuestra escala en el universo.

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