Compartir: rollitos de primavera vietnamitas vegetarianos

En las películas de Hollywood se nos enseña repetidamente que el héroe que resuelve los problemas es una persona individual, un líder. No es la comunidad o la fuerza de la cooperación entre la gente la que transforma la realidad, sino el individuo, y si participa un colectivo, siempre es bajo el mandato de ese líder.

En las películas estadounidenses los héroes son personas, no colectivos

Héroes individualistas en las películas estadounidenses

Tal vez esta forma de ver la realidad provenga de la religión protestante, de la que sé muy poco. Creo que en esta forma del cristianismo el individuo es más relevante que la comunidad a la hora de entender la relación con Dios, mientras que en el catolicismo la iglesia (entendida como comunidad) tiene un papel mayor. De cualquier manera, me da la impresión de que hay culturas más individualistas y otras más comunitarias. El papel de la familia extensa (padres e hijos más abuelos, tíos…), por ejemplo, parece que ha sido tradicionalmente más importante en los pueblos mediterráneos que en los del norte de Europa o Estados Unidos, aunque eso ha cambiado en gran medida en los últimos años, en el sentido de que en general nuestras sociedades se han vuelto más individualistas.

Se ha discutido mucho sobre si los seres humanos somos más bien egoístas o altruistas. En el pensamiento económico, por ejemplo, ha predominado la idea de que las personas nos movemos por nuestro propio interés egoísta, que nuestro comportamiento busca la satisfacción individual por encima de otras consideraciones más generosas. Sin embargo, recientes investigaciones sugieren que gran parte de nuestra conducta está regida por motivaciones altruistas. Incluso se ha descubierto que cuando detras de un acto aparentemente altruista hay intereses egoístas (por ejemplo, ayudamos a alguien porque esperamos una recompensa, ya sea material o inmaterial) se activan áreas del cerebro diferentes que cuando actuamos simplemente movidos por el deseo de ayudar.

En esta entrada de Alterconsumismo se puede encontrar más información sobre este tema: http://blogs.elpais.com/alterconsumismo/2013/10/del-homo-economicus-al-homo-empaticus.html.

El altruismo y la generosidad tienen mucho que ver con nuestra capacidad de compartir con los demás. Actualmente están surgiendo muchas iniciativas para compartir, y las nuevas tecnologías lo hacen más fácil, por ejemplo mediante páginas web que favorecen estos procesos, como compartir.org, una plataforma para compartir coche. Tal vez esta crisis económica que estamos viviendo nos anime a encontrar otras vías para relacionarnos con los demás. Todos podemos plantearnos qué podemos compartir, porque el mero hecho de hacerlo ya es satisfactorio.

En el ámbito de la cocina y la alimentación, podemos fomentar esa cultura de compartir, no solo por necesidad, sino fundamentalmente por placer y porque ese acto refuerza los lazos sociales. No hablo solo de compartir alimentos con los más necesitados, sino de cocinar y comer juntos. En este último sentido, creo que hay culturas más proclives a la comida individual (aunque sea en grupo) y otras a la comida compartida.

Recuerdo que el profesor de un curso de cocina libanesa al que asistí comentaba que él todos los fines de semana invitaba a amigos a su casa, donde cada uno cocinaba un plato y luego los compartían todos. Así, no solo se fomenta la red social, sino que se aprende de otros, se prueban nuevas recetas, etc. Me pareció una idea muy interesante, sobre todo si se dispone de una cocina amplia en la que pueden cocinar varios a la vez.

En muchas partes del mundo existen platos que se suelen comer en grupo. Entre los bereberes es habitual poner una sola fuente de cus-cus al centro, de la que todos van tomando su porción. En España, y sobre todo en el sur, tenemos las tapas, no en la variedad de pinchos individuales, sino de raciones que se ponen al centro de la mesa y de las que todos van comiendo. Otro ejemplo: en Córdoba existe la tradición de los peroles, muy similares a las paellas. El perol se cocina al aire libre (antes en el campo abierto pero ahora como casi todo está cerrado con cercas es más complicado, y se suele hacer en parcelas privadas). El perol, en su forma tradicional, se come mediante la técnica de “cucharada y paso atrás”: el perol o paellera donde se ha cocinado el arroz se deja en un lugar central y todos los comensales de pie alrededor se van acercando, toman una cucharada, dan un paso atrás y se la comen, regresando cada vez que lo deseen por una nueva porción. Por tanto, no se usan platos, solo cubiertos.

La fondue es otra forma de compartir el alimento que me parece muy divertida. En Japón tienen un plato parecido que se denomina sukiyaky.

Me encantaría que las personas que leen este blog aportaran en los comentarios a esta entrada ejemplos de platos o formas de comer que sean compartiendo la comida.

Mientras estaba en Camboya me llevaron a un restaurante vietnamita con una decoración muy cuidada y agradable, y allí probé otra opción de compartir, consistente en hacer sobre la marcha los rollitos de primavera vietnamitas (goi cuon o nem cuon). Más abajo pongo una receta, que no fue la que yo comí allí, sino otra que improvisé en casa con los ingredientes que tenía ese día.

El procedimiento consiste en poner al centro un plato con hojas de papel de arroz, una fuente con los ingredientes del relleno, un cuenco con la salsa y otro plato con agua templada. Se mete una hoja de papel de arroz en el agua, se le da la vuelta y se vuelve a humedecer y se pone en el plato de cada uno, entonces se espera un minuto a que la hoja se ablande (se puede untar un poco más de agua con los dedos si es necesario), se rellena con los ingredientes que escojamos, se moja en la salsa y se come. Para la receta que preparé preferí poner la salsa dentro del rollito, impregnando los ingredientes, pero no es necesario. El relleno puede ser cualquier mezcla que nos parezca interesante. En la receta yo sugiero una, pero este plato deja espacio para la imaginación, así que os invito a experimentar. Por ejemplo, en el vídeo que aparece más abajo vienen otros ingredientes muy diferentes (muy similares a los que yo comí en el restaurante).

Ingredientes (para 2 comensales)

Las hojas de arroz se pueden encontrar en cualquier tienda de alimentación oriental. Hay varios tamaños, estas son de 18 cm de diámetro, pero las hay más grandes (por ejemplo, 22 cm), como las que aparecen en el vídeo más abajo.

hoja arroz1

Paquete de hojas de arroz de 18 cm

hoja arroz2

Hoja de arroz

Para el relleno:
-200 gr. de judías verdes
-Una cebolla pequeña o media grande
-Una zanahoria
-Medio puerro

Para la salsa:
-Una cebolleta pequeña o media grande
-Un diente de ajo
-Dos cucharadas de perejil
-Tres cucharadas de salsa de soja
-Una cucharada de salsa de ostras (opcional).
-Una cucharadita de azúcar moreno
-Medio vaso de agua

Se cortan las judías en juliana y se hacen un poco al vapor. Se sofríe la cebolla y se añaden las judías, y todo se sofríe un poco más. El puerro se corta también en juliana y se sofríe. Se ralla la zanahoria en crudo.
En una fuente se disponen los ingredientes del relleno por separado: las judías con la cebolla, el puerro y la zanahoria.

judias vapor

Judías verdes en julianas para hacerlas al vapor

judias cebolla

Judías verdes rehogadas con cebolla

puerro juliana

Puerro rehogado

Para la salsa, mezclamos los líquidos (salsa de soja y de ostras, todavía no ponemos el agua), disolvemos el azúcar, picamos muy finos todos los ingredientes sólidos y los echamos al líquido. Dejamos marinar una hora, y luego añadimos el agua.

salsa rollitos

Salsa

Cada comensal coloca sus ingredientes en la hoja húmeda, y como decía antes, puede añadir la salsa a la mezcla, o bien hacer el rollito y luego mojarlo (esta última es la forma tradicional).

Rollito

Ingredientes mezclados justo antes de formar el rollito

En el vídeo adjunto aparece con claridad el proceso (Fuente: By Ngocthuy12 (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons).

Mi sensación al comer platos compartidos es muy diferente a comer cada uno el suyo, suele haber más humor, más interacción entre los comensales (no solo verbal) y hay más sensación de comunión. Por eso, os animo a practicar la comida en común.

¡Buen provecho!

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