El ayuno (2)

Buda ayunando

Buda ayunando

Cuando Siddharta Gautama inició su búsqueda espiritual, antes de llegar a ser el Buda, es decir, “el que ha despertado”, se unió a un grupo de ascetas mendicantes, que buscaban la liberación espiritual a través de la mortificación del cuerpo. Así, entre otras prácticas “extremas”, se dice que solo comían un grano de arroz al día. Como resultado de eso, Siddharta fue adelgazando, hasta casi llegar a morir. La leyenda, muy conocida, cuenta que un día oyó a un músico que hablaba sobre cómo afinar la vina, un instrumento indio parecido a un laúd: “Si tensas demasiado la cuerda, se rompe, pero si la dejas demasiado floja, no suena…”.

Estas palabras tuvieron un fuerte impacto en Siddharta, porque comprendió que el camino espiritual no puede basarse en anular el cuerpo para cultivar el alma, ni viceversa, ya que somos, en realidad, una unión de cuerpo y alma o mente. Por tanto, ambos aspectos de nuestro ser han de ser considerados y cuidados como se merecen. Se trata del famoso “camino medio”, alejado de los extremos, que preconizó este sabio, al igual que en Occidente hizo otro gran filósofo, un par de siglos posterior, Aristóteles, que en su Ética a Nicómaco afirma: “Y así, todo hombre instruido y racional se esforzará en evitar los excesos de todo género, sean en más, sean en menos; sólo debe buscar el justo medio y preferirlo a los extremos”.

Aristóteles

Aristóteles

Cuando oímos esta historia de Buda, nos quedamos con la parte del medio que consiste en no tensar demasiado la cuerda, pero nos olvidamos de que si queda demasiado floja, el instrumento no suena. Como decía en otra entrada, nos gustaría la iluminación instantánea: “Aprenda inglés sin esfuerzo”. Pero recorrer un camino espiritual, en mi opinión, requiere cierto trabajo, priorizar a qué queremos dedicar nuestro tiempo, etc. A nosotros meditar media hora al día nos parece muchísimo, pero podemos pasar horas enteras delante del televisor.

Cuando los compañeros ascetas de Siddharta lo vieron comer (su primera comida cuentan que fue arroz con leche) lo repudiaron, pero más tarde, una vez su amigo llegó al estado supremo del despertar, y pasó a ser considerado el Buda, se convirtieron en sus discípulos, lo que demuestra que nunca es tarde para corregir los errores que hayamos cometido.

En relación con el ayuno, mi opinión es que si lo entendemos en sentido amplio, como dejar descansar al cuerpo y al alma de estímulos constantes, permitirnos un poco de silencio y darnos la oportunidad de estar con nosotros mismos, entonces es algo interesante. Ayunamos no solo cuando no comemos, sino también cuando en vez de quedarnos embobados delante de la tele, la apagamos y permanecemos unos instantes sin nada más que hacer, o cuando paseamos en soledad por el bosque. Pero demasiado ayuno de este tipo también tiene el riesgo de empobrecernos, de hacernos huraños, por lo que el término medio, una vez más, es adecuado. No obstante, no existe “el término medio” universal, sino que cada uno debe encontrar el suyo en cada situación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *