El ayuno (1)

Hay varios niveles desde los que podemos acercarnos a este asunto del ayuno. Desde el plano más físico hasta el espiritual. Incluso en el primer caso hay personas que ayunan para adelgazar (lo cual creo que es un error), mientras que otras buscan eliminar toxinas de una forma más intensa. Los Evangelios hablan de que Jesús ayunó durante 40 días, pero no creo que sus motivos fueran para tener más salud o un cuerpo más esbelto, sino que seguramente respondían a un objetivo de purificación espiritual, quién sabe…

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Además de algunos ayunos de un día, yo he realizado dos ayunos más largos, los del jugo de limón y savia de arce de 10 días. Mi experiencia es que, siendo una práctica que puede ayudarnos y que seguramente es muy saludable, no se obtienen todos los resultados que algunos prometen. En cualquier caso, sí me gustaría comentar en esta entrada algunas reflexiones sobre este tema.

Una de las primeras cosas de las que me di cuenta durante mi primer ayuno es cómo todo nuestra vida gira en gran medida alrededor de la comida. Pensar qué vamos a desayunar, comer y cenar, hacer las compras, preparar la comida, reposar para hacer la digestión… Cuando no hay que hacer nada de esto durante varios días nos hacemos conscientes del peso que tenían esas tareas. Además, estructuramos el día en función de las comidas: “Te llamo después de comer”, “tengo que volver a casa porque es la hora de cenar”, etc. son ejemplos de esto. Las grandes celebraciones son inconcebibles sin una comida.

A quien no ha hecho nunca ayuno le preocupan varias cosas. Una de ellas es si se va a quedar muy débil. Evidentemente, un ayuno largo requiere de una técnica y un cuidado, para lo cual hay libros que explican muy bien cómo llevarlo a cabo. Yo nunca me sentí débil, pero es cierto que para hacer un ayuno largo hay que escoger bien el momento, y procurar no tener que realizar grandes esfuerzos.

Otra preocupación es el posible malestar. Lo normal es que al principio nos sintamos mal, tal vez nos duela la cabeza. Dicen los expertos que eso se debe a que se empiezan a eliminar toxinas que al entrar en el torrente sanguíneo nos pueden producir esas sensaciones desagradables. Lo normal es que a los pocos días hayan pasado.

Sí puedo decir que se puede experimentar una gran claridad mental, como más conciencia. No sé realmente cuál puede ser el motivo, pero es algo que he compartido con otras personas que han ayunado y han coincidido conmigo. Es un buen momento para comprender nuestro apego a la comida, hasta qué punto nuestra felicidad depende de la comida. Si ayunamos durante unos días, ¿podemos estar contentos o nos sentimos amargados?

No me atrevo a recomendar que se haga un ayuno largo, pero sí puedo decir que si nos decidimos a hacerlo, es una experiencia muy enriquecedora, que seguramente nuestro cuerpo agradecerá ese descanso, y sobre todo nuestra mente. Pero si lo vamos a hacer, es bueno informarse bien antes, y sobre todo, poner mucho cuidado en la forma de salir del ayuno. En mi caso, la primera vez fui muy impaciente, y el primer día después del ayuno respeté la “norma” de comer solo algo de fruta, pero el segundo día me sentía muy bien y me hice un arroz con champiñones. Me sentó como un tiro, estuve meses sin poder comer champiñones.

En una próxima entrada hablaré un poco más del ayuno desde otro ángulo.

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