¿Somos lo que comemos?

He pasado unos días en el hospital con un cólico nefrítico, y en ese tiempo y los días posteriores he podido reflexionar un poco sobre cómo lo que ingerimos (comida, bebida, otras impresiones…) influye en lo que somos.

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Arcimboldo: «Vertemnus».

Mi primer compañero de habitación, al que dieron el alta al día siguiente de yo ingresar, era un muchacho de unos 20 años, que estaba allí por sobredosis de metadona. No tuve tiempo de conocerlo mucho, pero mi impresión general es que se trataba de una persona sensible, cuya dependencia de las drogas posiblemente se vio influida por el barrio donde nació y se crió.

¿Qué tipo de impresiones, alimentos y demás sustancias entraban en el cuerpo y la mente de esta persona? En este caso, la relación entre lo que toma la persona y cómo está (salud, estado de ánimo, etc.) es muy evidente.

El siguiente compañero de habitación era una persona de unos 65 años, Antonio. Desde muy joven había sido repostero, y me contaba cómo su jefe le permitía comerse el chocolate que sobraba después de recortar con moldes las figuras que elaboraban. En la actualidad casi no tenía dientes (usaba prótesis dentales arriba y abajo), y sufría de diabetes de adulto. Antonio había sido operado de obstrucción intestinal, estaba obeso («desde que dejé el tabaco en 2001, antes era un fideo»), tenía apnea del sueño («cuando estaba más delgado no roncaba») y algún que otro problema más. Me confesaba lo que le encantaba comer, cómo disfrutaba con el tocino y otros «manjares».

We-Are-What-We-Eat

Fuente: http://www.glennsiesser.com/

Lo primero que se nos puede ocurrir es que esa forma de comer le estaba afectando a la salud, pero creo que podemos ir un poco más allá. ¿Por qué comía tanto y cosas tan poco sanas? La respuesta a lo primero que él mismo daba era por haber dejado el tabaco. Para responder a la segunda pregunta tenemos que suponer que quizá por hábito, por no conocer otra forma de alimentación (me confesó que en el hospital había probado por primera vez el brócoli, y que no le había disgustado), o porque esos alimentos más densos y llenos de grasa tal vez tengan más atractivo para una persona con ansiedad por la comida.

Si seguimos esta línea de reflexión un poco, siempre en el terreno inestable de la suposición, podemos suponer que la comida tapó la ansiedad de haber dejado de fumar, como dije antes, pero inmediatamente surge la pregunta: ¿y por qué fumaba? ¿Qué otra ansiedad tapaba el tabaco?

Antonio veía la televisión hasta las 00:30 de la noche, y porque a esa hora yo le pedía que la apagara ya. Durante el día encendía el televisor pero en muchas ocasiones no lo miraba, se ponía a hacer otra cosa, un sudoku, escuchar música en su discman, etc. Pero ahí estaba el sonido de fondo del programa correspondiente.

En cualquier caso, no creo que haya una relación directa e inevitable entre lo que tomamos (repito, no solo comida o bebida, sino también impresiones, sustancias, medicinas…) y lo que somos, porque tenemos cierta capacidad de transformar lo que entra. Hay personas que «digieren» mejor que otras, pero lo cierto es que, según yo lo entiendo, influye bastante. Por eso opino que debemos cuidar qué dejamos entrar en nosotros, como se sugería en esta entrada del blog.

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