Flores silvestres

Margaritas silvestres

Paseaba hace unos días por el campo y había miles de flores silvestres de una variedad de formas, colores y olores impresionante. Noté en mí el deseo de hacerme un ramo pero pensé que muchas de ellas se marchitarían nada más cogerlas. Esto me llevó a reflexionar sobre cómo suelo relacionarme con lo que me gusta: quiero poseerlo, incorporarlo a mi círculo o mandala, que forme parte de mí y de lo mío.

Tal vez el primer acto de posesión de este tipo es el comer: tenemos hambre, vemos un alimento en potencia, inmediatamente lo deseamos y nos lo comemos, incorporándolo así a nuestro cuerpo como nutrientes.

Como decidí no arrancar las flores, enseguida vino a mi cabeza otra posibilidad: fotografiarlas. En cierta forma, esta es otra manera de posesión. Me vi a mí mismo recorriendo una ciudad turística, disfrutando de los monumentos y sacando la cámara para llevármelos a casa, al menos como imágenes imperfectas de lo que tanto me gustó (nunca la foto puede reflejar realmente lo que vimos y admiramos).

Cantueso

Con todo esto no quiero moralizar y decir que poseer está bien o mal, solo reflexiono sobre cómo me relaciono con aquello que deseo. Es interesante descubrir ese salto de “me gusta” a “lo quiero para mí”.

Pienso que hay formas de poseer que no me gustan. Por ejemplo, la caza denominada “deportiva” (frente a la caza para sobrevivir) posiblemente tenga que ver con esto: ¿qué forma más intensa hay de posesión que tomar la vida de lo poseído, que es su bien más preciado? Para poseerte he de matarte. Qué terrible. Otros se contentan solo con fotografiar al animal, una posesión que no daña.

La tercera acepción de la palabra poseer en el Diccionario de la Real Academia es “Dicho de una persona: Tener relación carnal con otra.” Aunque habla de “una persona”, a mí solo se me ocurren frases en las que el que posee es el hombre y la poseída es la mujer. También se dice “la hizo suya” con el mismo significado. No se trata de un acto sexual de igual a igual, sino que uno posee a otro. No me gusta, expresa dominio.

Brezo

Cuando tenía unos 12 años solía pasar junto a una tienda en cuyo escaparate se ofrecía un machete de campo que yo deseaba intensamente. Durante años y años seguía ahí, mostrándose y llamándome para que yo lo poseyera. Finalmente, con unos 18 o 19 años conseguí dinero y me decidí a comprarlo. Ya era mío e inmediatamente después el machete perdió algo de su atractivo. Lo usé algunos años y al final acabó guardado en un cajón. Un día decidí regalárselo a un amigo y puedo decir que la satisfacción que sentí al darlo tuvo un sabor mucho más dulce que la del momento de comprarlo. Quizá soltar, dejar pasar, dar, pueden ser actos tan o más reconfortantes que poseer. A mí me cuesta trabajo hacerlo, pero quiero experimentar en esta dirección.

Cuando me cuesta dar algo, me planteo si no es esa cosa la que me posee a mí. Al soltarla, ¿no me estoy liberando de su poder?, ¿no soy un poco más libre?

Jara

En mi paseo, miraba las flores e intentaba sentir el gozo de admirar su belleza. Sentir el gozo y sin aferramiento pasar a lo siguiente, no quedarme atrapado en aquello que me deleitó en su momento. Vivir ligero de equipaje, ser libre al soltar.

One comment

  1. chari dice:

    Me agrada esta pagina,y desearia mantener el contacto a traves de este correo gracias un saludo chari

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