El aburrimiento

Mi abuelo me contaba que toda su vida, hasta que se casó con mi abuela (la mejor cocinera del mundo para mí), comía a diario el mismo plato: cocido (para los lectores de fuera de España, es un plato de garbanzos con muchas posibles variaciones, según los vegetales que se le añadan, como patatas, judías verdes, repollo…, y la carne, como res, gallina, pollo, tocino, hueso de jamón, morcilla…).

Arroz con frijoles. Foto: http://www.cocinalatinoamericana.com

Arroz con frijoles. Foto: http://www.cocinalatinoamericana.com

En muchas partes de Latinoamérica, un porcentaje muy amplio de la población también come a diario un solo plato (y a veces una sola vez al día), que suele ser una combinación de arroz con frijoles, a veces con plátano, tortilla de maíz y en casos muy excepcionales algún tipo de carne. También hay quienes no llegan ni siquiera a ese arroz con frijoles, y solo comen arroz, lo que les genera graves problemas de desnutrición.

En cualquier caso, lo que quiero señalar aquí es que en muchas partes del mundo, e incluso en España durante muchos años, numerosas personas comen todos los días el mismo plato. Para nosotros, acostumbrados a la variedad culinaria que se impone casi como una necesidad, esa monotonía supondría una tortura.

Si pensamos en los animales, muchos de ellos también viven con una dieta monótona. Los que tienen una mascota en casa, como un perro o un gato, saben de lo que estoy hablando.

Por tanto, podemos preguntarnos qué ha pasado en nuestra cultura para que hayamos desarrollado esa necesidad de variedad. Como ejemplo, puedo decir que cuando yo era pequeño solo había yogur natural, de chocolate y de caramelo: tres tipos. Si ahora vamos a un supermercado, ¿qué nos encontramos?

Creo que detrás de todo esto está el aburrimiento. Nos aburre comer lo mismo dos días seguidos. Para mí, el aburrimiento es la necesidad constante de estímulos para sentirnos vivos. Nuevos estímulos nos hacen sentir que la vida es interesante. Muchos de esos estímulos provienen de fuera de nosotros: buscamos fuera porque no encontramos dentro, y otros los generamos con nuestras fantasías, proyecciones de futuro, etc.

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Con la meditación sucede algo parecido. Aunque al principio nos parezca interesante, pronto nos aburrimos de estar ahí sentados, y abandonamos la práctica. Suzuki Roshi habla de mantener la actitud de principiante durante todo el camino espiritual, esa actitud que se sorprende con cada hallazgo, que disfruta de sentarse a meditar.

Por eso es importante saber que ese aburrimiento se puede atravesar, podemos examinar cuál es su origen y tratarlo en la meditación como un pensamiento más. Si perseveramos iremos descubriendo que no necesitamos tantos estímulos para estar bien, tanto en la meditación como en la vida.

Una propuesta: examinemos qué nos pasa cuando nos aburrimos, cuando necesitamos estímulos. Qué sensación hay en nuestro interior cuando estamos aburridos. ¿Y si ese fuera nuestro estado básico, que continuamente intentamos acallar porque no lo soportamos? Lo mismo que el silencio es lo que existe cuando no hay sonidos, esa sensación de insatisfacción básica o aburrimiento es lo que sentimos cuando silenciamos el ajetreo de las múltiples actividades e impresiones que continuamente buscamos. ¿Podemos relacionarnos con ese aburrimiento para aprender qué nos quiere decir?

One comment

  1. Ana Castilla dice:

    Sin duda «La mejor cocinera del mundo». Un beso

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