Nuestra responsabilidad

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Recuerdo que cuando era pequeño mi abuela María siempre nombraba a los niños del Biafra cuando alguien se dejaba comida en el plato: «Con el hambre que pasan los pobrecitos, ¿cómo no te vas a comer eso?». Yo en ese momento no sabía qué era el Biafra, ni tampoco entendía qué tenía que ver que hubiera niños con hambre con que yo me terminara o no el plato. Hoy comprendo un poco más la relación entre ambos fenómenos. Precisamente nosotros, en Occidente, podemos despilfarrar como lo hacemos porque hay otros que no llegan. El planeta no soportaría un nivel de consumo igual al nuestro para todos sus habitantes. Consumimos y tiramos demasiado y creo que podríamos vivir perfectamente consumiendo menos. Bajo ese punto de vista, no despilfarrar es una obligación moral que todos tenemos hacia la Tierra. Cada vez que tiramos comida, es como un insulto a la humanidad. En este artículo de El País se afirma que se tira la mitad de la comida producida en el mundo.

Como indica el estupendo blog de Gonzalo Fanjul 3500 Millones, Ideas irreverentes sobre la pobreza (por ejemplo, en esta entrada y en esta), se produce suficiente comida para alimentar a todo el planeta, de forma que se podría evitar que millones de personas sufrieran a causa del hambre en el mundo si se tomaran determinadas medidas.

El otro día en casa de un amigo surgió una conversación interesante sobre pedir en los restaurantes que nos empaquen para llevar a casa la comida que nos ha sobrado. Cuando vivía en Centroamérica esa práctica era habitual incluso en los mejores restaurantes y todos los establecimientos disponían de recipientes para tal fin.

Algunas de las personas presentes en la conversación contaron cómo aprovechaban las sobras de lo que habían cocinado, ya sea recalentándolas o incorporándolas a otro plato. Hay muchas cosas que podemos hacer a nuestro nivel, pero en realidad son los gobiernos de los países ricos y en la mayoría de los casos de los países pobres los que tienen la mayor responsabilidad. Pero como comentamos en la misma reunión, no podemos escudarnos en que los responsables políticos hacen poco para no hacer nada nosotros.

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Crear el hábito de aprovechar bien la comida, de reducir nuestro consumo general, de hacernos más conscientes de las consecuencias de nuestros actos, es un buen comienzo, porque creo que este modelo de desarrollo económico está llegando a su fin, que es necesario un nuevo modelo no basado en el consumismo, sino en una relación más amigable con el planeta, y eso pasa por tomar conciencia.

Por eso, propongo que caminemos en esa dirección, comenzando por actos sencillos como los que aquí hemos indicado: cuando cocinemos, aprovechar partes que solemos tirar, como los tallos de las alcachofas o la parte verde del puerro (como vimos aquí); no tirar comida de manera innecesaria sino aprender a reutilizar los restos cuando sea posible, y en los restaurantes acostumbrarnos a pedir que nos preparen para llevar a casa lo que nos sobre; no consumir por consumir (por ejemplo, para reducir la ansiedad, para acallar nuestra insatisfacción básica, etc., ya que para ello hay otros caminos, como la meditación o la psicoterapia), y sobre todo, sentir que nosotros también somos responsables de lo que le pase al planeta. Podemos unirnos a movimientos que tienen este mismo propósito, para hacer una labor colectiva que tiene más fuerza que la individual, aunque en cualquier caso, la concienciación y cambio de comportamiento de cada uno es el primer paso.

 

 

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