Hacer pan (2)

En esta segunda entrada sobre hacer pan (ver la primera aquí) voy a incluir algunas reflexiones acerca de lo que esto significa para mí. En sucesivas entradas pondré una receta sencilla de pan con masa madre, y daré las indicaciones para hacer nuestra propia masa madre, porque el sabor del pan hecho así y el mismo proceso de hacerlo es totalmente diferente, y para mí merece la pena ya que es relativamente fácil.

Haciendo pan en el antiguo Egipto
Foto: www.touregypt.net/featurestories/bread.htm

Hacer pan es hacer el alimento básico de nuestra cultura: nos vincula con nuestros ancestros, que amasaron igual que nosotros desde hace miles de años. En la tradición judeo-cristiana compartir el pan también es un ritual de comunión y de amor. Es bueno que sintamos ese vínculo, incluso podemos imaginar que detrás de nosotros están acompañándonos en fila hasta el infinito todos nuestros antepasados que cocinaron pan u otros alimentos que hemos incorporado a nuestro repertorio. Imaginar esto me parece muy poderoso.

Mientras amasamos, nos concentramos en el movimiento de las manos, sentimos la textura y dureza de la masa, y cómo va cambiando durante el proceso. También podemos oler antes y después de dejarlo fermentar… Como siempre, intentamos estar en el momento presente con los sentidos abiertos a las sensaciones que les llegan, procurando vivir la experiencia desnuda, como dijimos en la entrada sobre la atención consciente.

Si nos cansamos de mantener simplemente la atención, podemos alternarla con alguna reflexión. Por ejemplo, hacer pan requiere un equilibrio entre los ingredientes, sobre todo entre el agua y la harina para amasar, y entre la masa y la levadura para que suba. En el primer caso, podemos pensar que eso simboliza el equilibrio en nuestro interior entre lo seco y lo húmedo. Lo seco es la seriedad, pero también lo consistente, la coherencia. Lo húmedo es la flexibilidad, la adaptación, pero también la volubilidad. Demasiada agua vuelve la masa pegajosa e inmanejable, se queda adherida a todo lo que toca: si nos adaptamos demasiado a los demás dejamos de ser nosotros, nos perdemos en el otro o en el mundo. Demasiada harina, es decir, demasiada rigidez o sequedad,  hace que se rompa la masa, que no haya unión, que quedemos aislados, duros y secos.

Con esta reflexión u otra similar de nuestra propia cosecha podemos sentir estamos buscando ese equilibrio y crecimiento en nosotros.

Esta actividad también puede ayudarnos a conectar con el niño interior, a recordar cuando éramos pequeños y jugábamos con el barro. Esto puede ser muy sanador para nosotros, porque como decía en otro lugar (aquí), cada vez usamos menos las manos para tocar la materia viva. Llenarnos las manos de masa pegajosa tal vez nos dé un poco de reparo al principio, pero si lo hacemos con esa idea de tocar, sentir, volver a cuando éramos niños, veremos que se convierte en algo muy divertido y agradable.

Panadería en Pompeya Foto: www.vestaflatbread.com/2010_04_01_archive.html

Panadería en Pompeya
Foto: www.vestaflatbread.com/2010_04_01_archive.html

Hacer pan requiere de momentos de actividad y momentos de reposo o espera (para que suba la masa, por ejemplo), y es una actividad que no se puede acelerar (hay algunos trucos para que dure menos, pero hay un límite a eso, al final tenemos siempre que dejar un tiempo). Esto nos puede ayudar a comprender que en la vida también hay momentos así, situaciones en las que tenemos que intervenir de manera activa, y otras en las que tenemos que esperar o en las que es mejor dejar que las cosas vayan solas, sin que tengamos que hacer nada. A veces esto nos cuesta mucho trabajo, porque nuestra tendencia es a controlar todo, a no respetar el ritmo de las cosas, a impacientarnos cuando la gente o las cosas no marchan a la velocidad que deseamos, pero si probamos de vez en cuando a hacerlo, veremos que es una experiencia maravillosa, y hacer pan nos puede ayudar a adiestrarnos en ello. Aprendemos así a sentir y respetar el ritmo de las cosas: actividad y pasividad se combinan como un latido que alienta la vida fuera y dentro de nosotros (a este respecto, me encanta esta entrada del blog de mi amiga Pilar).

 

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