«Zen, la vida de Dogen»

Un plato preparado con ricos ingredientes no es necesariamente superior ni un cocido de humildes legumbres es necesariamente inferior. Cuando cojáis o preparéis vulgares plantas silvestres, hacedlo sinceramente, con todo vuestro corazón y tratadlas con tantos miramientos como trataríais a los productos más raros. El vasto océano tiene un único sabor a pesar de recibir el agua de innumerables ríos y el vasto océano de la naturaleza original no hace discriminaciones entre los sutiles sabores de un delicado plato y el gusto grosero de un cocido de hierbas silvestres. De igual manera, cuando hacéis crecer el germen de la Vía y alimentáis al embrión sagrado, comidas refinadas o vulgares tienen un solo sabor.

Tenzo Kyokun (Instrucciones al cocinero de un monasterio zen), Maestro Dogen

Eihei Dogen (19 de enero de 1200 – 22 septiembre de 1253) fue un maestro budista japonés fundador de la escuela Sōtō del zen. Dogen escribió un tratado, el Tenzo Kyokun, en el que describe las tareas o funciones del cocinero en el monasterio, y le da consejos sobre cómo desempeñar ese cargo. En la tradición zen se le da mucha importancia al acto de cocinar y comer con conciencia.

En 2009 se estrenó una película sobre este maestro: Zen, la vida de Dogen. En el siguiente vídeo incluyo una parte que me gustó mucho. La película completa no sé dónde se puede adquirir, así que incluyo los enlaces de Youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=rdVW7IhifkY (para la primera parte)

http://www.youtube.com/watch?v=gBLyWGqIkJY (para la segunda)

Y aquí el extracto. El regente del país está enfermo, tiene alucinaciones que no lo dejan descansar, y llama a Dogen porque ha oído que es un gran maestro, para ver si le puede ayudar. Esta es la escena:

Me gusta el contraste de poder entre el regente y Dogen. En el primero, el poder viene de la fuerza de la violencia, mientras que en el segundo proviene de haber conquistado el miedo a la muerte y no tener ningún ego que defender.

Como dice Jack Kornfield,

Existen dos grandes fuerzas en el mundo. Una es la fuerza de matar. Las personas que no tienen miedo de matar gobiernan naciones, hacen guerras y controlan gran parte de la actividad de nuestro mundo. Hay una gran fuerza en no tener miedo de matar. La otra fuente de fuerza en el mundo -la fuerza real- reside en las personas que no tienen miedo de morir. Estas son las personas que han conectado con la misma fuente de su ser, que han mirado dentro de sí mismas con tal profundidad que pueden entender, reconocer y aceptar la muerte y que, de alguna manera, ya han muerto. Han visto más allá de la separatividad de la concha del ego y traen a la vida la audacia y la dedicación nacidas del amor y la verdad. Esta es una fuerza que puede oponerse a la fuerza de alguien que no tiene miedo de matar.

En general, toda la escena está cargada de enseñanzas, como las referentes a nuestra naturaleza primordial, que es pura y no puede ser dañada, como el reflejo de la luna en el agua; la importancia de aceptar nuestros propios demonios interiores, o la reflexión que se hace sobre el poder y quien lo ejerce.

El consejo de Dogen permanece hasta nuestros días: shikantaza, sentarse y meditar.

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