El camino es la meta

“Aprenda inglés… sin esfuerzo”. “Consiga unos sorprendentes abdominales… con solo 5 minutos de ejercicio al día”. Es la máxima que gobierna la vida de muchos de nosotros: lo importante son los resultados, mientras que el proceso, cuanto menos esfuerzo requiera, mejor. Para ello hemos inventado muchas cosas: máquinas que nos simplifican la vida, comida precocinada, centros comerciales donde comprar de todo…

sin esfuerzo

Y no digo que eso sea necesariamente malo. A veces no nos ha dado tiempo de cocinar y tenemos la nevera vacía: nos vamos y compramos una pizza, y no pasa nada. Lo que pretendo no es criticar determinadas cosas, sino sugerir otros puntos de vista posibles, otras formas de hacer las cosas.

Cuando nos enfocamos en el producto, es decir, en el resultado, procuramos ser eficaces y eficientes, aprovechar el tiempo y demás recursos al máximo. Si somos perfeccionistas, quizá parezca que nos importa mucho el proceso, pondremos mucho interés en hacer las cosas bien, pero en realidad lo que nos interesa es el resultado, y mediremos el éxito de lo que hacemos según ese criterio. Y mientras tanto habremos perdido el gozo de hacer, el disfrute del proceso, aunque el producto haya salido bien o mal.

El otro día hablaba con alguien sobre hacer pan (haré una entrada pronto sobre ese tema), y le comentaba el placer de amasar, de sentir las manos activas, tocando, pringándose… Esta persona me preguntó qué pensaba de las máquinas panificadoras, porque ella tenía una. Mi opinión es que está muy bien hacerse uno su propio pan siempre que pueda, y la máquina puede ser una gran ayuda. Sin embargo, de vez en cuando le recomendé que hiciera el pan con las manos, y que sintiera la diferencia. Solo sintiendo y escuchándonos podemos decidir qué nos viene mejor.

En la cocina, como en la vida, es posible disfrutar del proceso, si le damos el valor que tiene y lo hacemos con atención consciente. Como dice Thich Nhat Hanh, hasta lavar los platos puede ser un acto maravilloso si lo hacemos con conciencia: con gestos tranquilos y pausados, sintiendo el tacto del agua y el jabón, con atención a los movimientos…

Cuando nos enfocamos en el proceso no tiene tanta importancia el resultado. A veces la comida sale bien, a veces sale mal. Buscar la perfección en el resultado puede acabar siendo una obsesión. Por el contrario, estar en el momento presente, gozar con cada actividad sin darle tanta importancia al producto final puede abrirnos toda una dimensión en nuestra vida, ya que todo lo que hagamos será igualmente valioso, será una forma de estar con nosotros, de desarrollar nuestra atención consciente, de despertar los sentidos, en definitiva, de estar vivos.

El camino es la metaEn el camino espiritual sucede algo parecido. Hay propuestas que te garantizan resultados maravillosos sin que tengas que hacer ningún esfuerzo. Es como la famosa escena de Matrix:  basta con tomarte una píldora para despertar (por supuesto, la película y la escena tienen un significado mucho más profundo, aquí solo estoy tomando la escena en sentido literal). Para mí, sin embargo, el camino es la meta, es decir, recorrer el camino es ya un fin en sí mismo. Porque en ese camino, a veces agradable, a veces duro, nos vamos conociendo, vamos aprendiendo a lidiar con las dificultades y los obstáculos, vamos desarrollando nuestra paciencia y nuestro sentido del humor (en ocasiones, es preciso reírse de uno mismo), etc.

Yo no he recorrido el Camino de Santiago, pero muchos amigos y amigas sí lo han hecho, y por lo que me han relatado, se trata de una experiencia inigualable, que puede simbolizar muy bien el sendero espiritual. Alguien podría ver absurdo hacer todo ese trayecto andando, con lo fácil que sería coger un coche o un avión y plantarse allí sin más. Sin embargo, todos comprendemos que lo maravilloso del camino es recorrerlo, no el hecho de llegar. De la misma forma, nuestro camino interior, nuestro desarrollo como personas, es un viaje que nos tomará toda la vida, y que nadie debe o puede recorrer por nosotros, porque nos estaríamos perdiendo lo mejor.

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