Sopa de hierbas silvestres de Pilar

En un comentario mi amiga Pilar nos dejó una receta de sopa de hierbas silvestres que rescato aquí para que todos la encuentren más fácilmente. 

Ingredientes:

Diente de león

Diente de león

  • Un puerro
  • Dos zanahorias
  • Un calabacín
  • Un puñado de hojas de diente de león picadas
  • Un puñado de hojas de capuchina
  • Dos puñados de hojas de ortigas
  • 4 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal y pimienta al gusto
  • Agua

 

Ortiga. Fotografía de Dezidor

Ortiga. Fotografía de Dezidor

 

 

En el aceite pochar a fuego lento el puerro en aros finitos, la zanahorias y el calabacín en cuadraditos, y se le añade la sal, la pimienta y el agua. Se deja hervir unos 10 minutos y luego se incorporan las hierbas. Dejar hervir 5 minutos más y listo.

Si Pilar lee la receta me gustaría que nos dijera si está bien así, y si cree que alguna de las hierbas se podría sustituir por otra en el caso de que no se encuentre. Supongo que para coger las ortigas se pueden usar unos guantes.

Yo escribí una respuesta a su comentario en la que hablaba de que podemos utilizar esta sopa para hacer una reflexión sobre la forma en la que nos relacionamos con los demás en nuestra vida. En la cocina mezclamos ingredientes al igual que en la vida nos mezclamos con los demás, y de la misma forma que normalmente no consideraríamos estas tres hierbas (diente de león, capuchina y ortiga) como ingredientes que podríamos incluir en nuestros platos, en ocasiones hay personas que dejamos de lado, ya sea a priori (es decir, sin conocerlas siquiera, porque no nos gusta su aspecto, como indigentes o personas con discapacidad, etc.), o porque tras relacionarnos con ellas después la cosa ha ido mal.

Mi punto de vista sobre esto es que, en principio, no debemos forzarnos a nada. No soy partidario de relacionarnos con otras personas por una falsa caridad, con el lema de “ponga un mendigo en su mesa”, como en la película Plácido, de Berlanga. Lo que propongo es que, ya sea que nos decidamos a cocinar esta receta o no, reflexionemos sobre la posibilidad de abrirnos a esos “ingredientes” (personas) que nos resultan desagradables, que miremos qué se mueve en nosotros cuando estamos junto a ellos, o simplemente cuando los recordamos, y que aceptemos la posibilidad de que quizá, al igual que estas hierbas, esas personas podrían aportar algo a nuestra vida.

Capuchina. Fotografía de Forest & Kim Starr

Capuchina. Fotografía de Forest & Kim Starr

Cuentan una anécdota del famoso maestro Gurdjieff. Dicen que en su centro en Inglaterra había una persona residente que era muy desagradable. Todo el mundo la odiaba, nadie la tragaba. Un día esta persona decidió abandonar el centro, y mientras se iba todo el mundo se puso muy contento. Entonces, para sorpresa general, Gurdjieff salió corriendo tras él y le rogó que regresara. Cuando los demás le preguntaron por qué había hecho eso, les dijo que esa persona era esencial para el centro, porque si todo el mundo fuera agradable, no tendrían ocasión de conocerse a sí mismos. Sin embargo, gracias a esta persona, tenían la posibilidad de experimentar lo que era la ira, el desprecio, la envidia… Es decir, esta persona era clave para su despertar.

Mi filosofía es que casi nadie es realmente malo, no existen “malas hierbas” de verdad, y que todas las personas tienen algo que podemos llegar a apreciar. Eso no significa que nos tenga que gustar todo el mundo, y que no tengamos el derecho a poner distancia cuando alguien nos hace daño. Pero pienso que siempre podemos dejarle un pequeño lugar en nuestro corazón.

One comment

  1. Pilar dice:

    Hola Luis, podemos usar las plantas que queramos, yo salgo a la puerta de casa y cojo lo que hay, de fondo el puerro o cebolla o ajoporro (ajo-puerro silvestre). Si pongo collejas, vinagreras, cardillos o tagardinas les doy un hervor en otra agua para quitarle un poco de amargor, las ortigas las cojo con guantes y al lavarlas se le va la pelusilla urticante, pruébalas en ensalada crudas con lechuga y pétalos de rosas silvestres o cultivadas si estás seguro que no han sido tratadas.

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