Alimentación consciente 2

En una entrada anterior hablaba de que podíamos considerar la alimentación consciente a dos niveles: el primero referente al tipo de alimentos y el segundo al acto de comer. En la anterior entrada toqué el primer nivel y en esta entrada hablaré del segundo.

¿Qué comemos cuando comemos? Lo habitual en nuestra cultura es que alguien diría que estamos comiendo los ingredientes que hay en el plato, incluso clasificados por tipos (proteínas, glúcidos…). Si prestamos atención, quizá descubramos que hay más: las sensaciones que recibimos al ver, oler, saborear, masticar los alimentos son también parte de la comida, y la prueba de ello es que si el aspecto, sabor, olor o la textura no nos gustan, es posible que nos siente mal el alimento, o que lo rechacemos sin más. En el momento de comer también estamos especialmente abiertos a las demás impresiones que nos llegan: sonidos, imágenes, olores… (¿se nos ha cortado alguna vez la digestión por ver u oler algo desagradable?) Esas impresiones se mezclan con los ingredientes para hacer un todo que es lo que realmente comemos.

Dentro de ese conjunto de impresiones y sensaciones está también nuestro estado de ánimo y el de las personas que nos rodean, nuestros pensamientos, preocupaciones, alegrías y penas…

Cada vez hay más personas preocupadas por una alimentación más consciente, aunque lo normal es que se le preste atención solo a la parte material del alimento: si es ecológico, si es sano, si la combinación de alimentos es equilibrada, etc., y no siempre consideramos el resto de factores que, a veces, pueden tener más impacto en nosotros que los meros ingredientes.

Comida saludable en familia

Comida saludable en familia

Por tanto, además de una bonita presentación del plato, o una buena selección y combinación de ingredientes, considero que es importante nuestra actitud cuando vamos a comer y el entorno en el que lo hacemos.

Permitidme que haga un pequeño apartado de “queja”: cuando salimos a comer fuera, además del ruido que nos caracteriza a los españoles, cada vez es más frecuente en bares (y en algunos restaurantes) el recargar el ambiente con pantallas de televisión que ya no se miden en pulgadas sino en metros o yardas, con imágenes mudas de vídeos musicales o de deportes, a la vez que se oye una música, normalmente alta, que no tiene que ver con la imagen mostrada. A mí esto me parece desagradable, pero quizá soy raro porque si se hace es porque a la mayoría le debe de gustar. Afortunadamente, hemos ganado por otro lado con la prohibición de fumar en lugares cerrados, menos mal. Cierro el apartado de queja.

En casa sí podemos controlar un poco más el ambiente. Si habitualmente comemos viendo la televisión (hoy también es frecuente hacerlo delante del ordenador), podemos experimentar durante un par de días hacerlo sin ella, y ver qué sucede, cómo nos sentimos. Lo cierto es que para mí la televisión, además de tener el efecto de distraernos con respecto a lo que estamos haciendo (en cuyo caso simplemente engullimos la comida) emite imágenes que en muchos casos son desagradables. Solo tenemos que pensar en qué tipo de noticias dan los telediarios a la hora de comer o cenar: guerras, catástrofes, secuestros, casos de corrupción, por no hablar de la telebasura…

¿Quién preside la mesa?

¿Quién preside la mesa?

Además de todo eso, está la actitud con la que vamos a comer. Muchas familias aprovechan la hora de la comida o cena (porque es la única a la que se ven) para airear todos los conflictos latentes y discutir acaloradamente. ¿Hace falta comentar algo al respecto?

A nivel individual, el momento de la comida es una ocasión muy interesante para conocernos mejor: ¿cómo nos aproximamos al acto de comer? ¿Tenemos ansiedad? ¿Somos conscientes de que vamos a comer? ¿Cómo comemos? ¿Sentimos a un nivel profundo que la comida por fin es algo que nos va a llenar, que vamos a encontrar realmente la satisfacción que buscamos? Quizá esto último suene exagerado, pero tal vez algunos trastornos de la alimentación tengan que ver con este aspecto.

Como siempre digo, las propuestas de este blog son para tomarlas con humor y tranquilidad, sin exageraciones. En este caso, propongo hacer, a nivel individual o entre las personas que van a compartir la mesa, alguna de estas meditaciones, sobre todo la primera:

1. Sentarse ante la comida y parar, aunque sea unos segundos, antes de empezar a comer. Tomar conciencia, no entrar automáticamente al plato. Esta práctica es muy poderosa para cambiar nuestro estado interior, y se la recomiendo a las personas que no tienen tiempo o ganas de hacer alguna de las otras meditaciones.

2. Reflexión de agradecimiento. Como esta práctica es un poco más larga de explicar, le dedicaré próximamente una entrada aparte en el blog.

3. Mantener la atención consciente de vez en cuando. Aunque estemos con otras personas y conversemos con ellas (no se trata de ponernos como si nos hubiéramos tragado un palo), cuando nos acordemos podemos tomar de nuevo conciencia de que estamos comiendo, e intentamos experimentar la comida sin más: los sabores, texturas, sensaciones, estando simplemente presentes, sin etiquetar “me gusta” o “está salado”, solo experimentar, directamente lo que nuestros sentidos nos traen.

4. En relación con la meditación anterior, cuando vamos a comer normalmente llevamos expectativas u opiniones: “Este plato me gusta mucho”, o “No sé si me apetecen las alcachofas”, o “Me ha puesto poca cantidad, a ver si queda para repetir luego”. Lo más básico es que opinemos si nos gusta o no. La propuesta que hago es probar a salir de esa dualidad, e incorporar la curiosidad: voy a prestar atención a lo que se mueve en mí cuando tomo esta comida, qué pensamientos, sensaciones, emociones surgen, sin etiquetarlos como buenos o malos, sin añadir nada a lo que hay en realidad. Voy a conocerme, ver cómo vivo esta experiencia, sin más. Esta meditación requiere atención consciente a lo que estamos haciendo, por lo que es más difícil hacerla si estamos comiendo acompañados. La actitud de curiosidad sobre nosotros y nuestra experiencia es muy recomendable para otras situaciones en la vida en las que nos movemos normalmente en una dualidad de bueno-malo, me gusta-no me gusta, etc. Salimos de ahí y simplemente observamos… No se trata de reprimir los pensamientos (por ejemplo, si al probar la tortilla nos surge un “está sosa”) sino de observarlos como lo que son, pero no quedarnos ahí, sino profundizar en las sensaciones al masticar y tragar la comida, en la emoción que aparece al sentir que está sosa. Tampoco se trata de crear una distancia emocional con respecto a nosotros mismos. Es más sencillo que todo eso: provocamos la curiosidad por ver qué sucede cuando comemos.

One comment

  1. carmen portillo peinado dice:

    Estás en lo cierto.Comer no es solo engullir. Además la television no solamente molesta cuando comemos en un Restaurante, Bar, Taberna…En nuestra propia casa nos acomodamos de forma que todos podamos ver y oir la television. Si algun comensal pretende comentar alguna cosa que no esté relacionado, con lo que proyecta ese ” aparato” tan bueno y tan malo, lo hacemos callar. Para mi forma de pensar,sentarnos alrededor de una mesa, con personas amigas, familiares y sobre todo no agresivas, es un momento casi mágico, ya que estas gozando de dos placeres muy beneficiosos para nuestra salud tanto fisica como mental.

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