El silencio

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas

Proverbio árabe

Esta frase no la he copiado de ningún libro de citas: aparece en el vaso del cuarto de baño de la habitación del Lar del Cuco (no gano comisión por hacerles publicidad, es que se está muy bien aquí y me gusta venir), donde estoy haciendo un breve retiro de meditación en silencio. 

En el silencio podemos ser quienes somos en realidad

En algunas tradiciones de meditación, el retiro en silencio implica incluso no leer ni escribir, ni siquiera intercambiar miradas con los demás meditadores. Evidentemente, yo no estoy haciendo un retiro tan estricto, la prueba es esta entrada.

Esta experiencia de silencio para mí implica algo más que no hablar, significa darme la oportunidad de SER sin HACER. Cuando estamos solos, en principio estamos en silencio, pero lo habitual es que llenemos ese silencio de otros “ruidos”, como pensamientos, actividades, música, televisión… El silencio puede ser algo más rico si no hacemos nada más que ser, estar en el presente.

Para algunos quizá esto suene aburrido. En realidad, ¿estar con nosotros mismos es aburrido? ¿Lo sabemos, lo hemos probado alguna vez? Si nos damos la oportunidad, tal vez nos sorprenda sentir lo lleno de vida que está el presente.

He leído algunas teorías sobre la meditación que hablan de que meditar es dejar la mente en blanco. Mi punto de vista es diferente. La mente en sí misma es pura conciencia, capacidad de captar la realidad, espaciosa y clara. Dejar la mente en blanco, como yo lo entiendo, equivaldría a caer inconscientes, lo cual es totalmente opuesto a lo que yo pretendo con la meditación, que es ser más consciente de mí y de los demás. En ese espacio de conciencia surgen y desaparecen los pensamientos, como las nubes que pasan por el cielo. Si nos identificamos con las nubes, nos vamos, nos distraemos, pero si permanecemos en el espacio infinito del cielo, aunque aparezcan pensamientos no nos enganchamos a ellos, y ahí está el silencio. El silencio no consiste en no pensar, en ponerle un bozal a la mente, sino en habitar ese espacio de claridad, de lucidez y conciencia, que no alteran los pensamientos. Es posible que si nuestra práctica se intensifica, poco a poco vayan apareciendo cada vez menos pensamientos, pero la conciencia no desaparece, seguimos aquí y ahora, presentes, lúcidos, SIENDO.

En ese silencio, por dentro y por fuera, nos vemos tal cual somos, sin disfraces. En ese silencio no hay lucha, la mente ha vuelto a casa y nos sentimos en paz, no porque nos hayamos evadido de la realidad, sino porque hemos podido sentir que por encima de las nubes (a veces parecen borregos, otras veces son negras de tormenta) siempre está el cielo, espacioso, limpio, claro.

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