Cocina y meditación (2): la motivación

En relación con la anterior entrada sobre cocina y meditación, hoy me he encontrado con un texto de Rigzdin Shikpo que sintetiza bastante bien cuáles son las características de nuestro estado habitual de conciencia, cuando no aplicamos la atención consciente: 

Un factor importante que debilita la intensidad de nuestra conciencia es la tendencia a desconectarnos de los sentidos y dejar que la atención vague hacia un mundo interior de pensamientos, conceptos y sentimientos, siguiendo inconscientemente un tren de asociaciones, sin que seamos conscientes de dónde estamos o de lo que hacemos. Registramos los mensajes que nos llegan a través de los sentidos pero no somos conscientes de lo que dicen dichos mensajes. Vamos como en piloto automático, de aquí para allá semi-conscientes. Hacemos una cosa y pensamos en otra la mayor parte del tiempo. Estamos despiertos porque no estamos exactamente inconscientes, pero no estamos despiertos en el sentido de estar presentes, centrados y conscientes de lo que sucede. Una forma de aumentar la conciencia es notar cuánto tiempo pasamos hablándonos a nosotros mismos. Gran parte de esa charla solo es fascinación o fantasías y no sirve para nada. Es como si deseáramos no ser conscientes del presente real, porque siempre estamos anticipando el futuro o recreándonos en el pasado. Si queremos despertar para ser quienes somos en realidad, es importante abandonar ese tipo de charla mental por un rato y ver qué pasa.

El camino lo trazamos nosotros

El camino lo trazamos nosotros

Mientras cocinamos es difícil mantener la atención consciente todo el tiempo, y puede llegar un momento que nos cansemos de traer una y otra vez la mente a lo que hacemos (“traer la mente a casa”). Podemos aumentar la calidad de nuestra atención consciente si practicamos regularmente la meditación sentados, y para ello hay numerosas técnicas pero, ¿qué otras meditaciones podemos hacer mientras cocinamos?

Se dice que lo que determina la calidad de una acción no es solo la acción en sí, sino la motivación con que la realizamos. No es lo mismo ayudar a alguien para que otros piensen que somos muy buenas personas que hacerlo por altruismo o amor hacia los demás.

De forma similar, el acto de cocinar puede llevarse a cabo desde distintas motivaciones, algunas más “elevadas” que otras, bajo mi punto de vista. Así, cocinar para que los comensales luego nos alaben parece una motivación un poco egoísta, mientras que cocinar porque queremos que esos mismos comensales tengan un rato agradable después de un día difícil es algo que considero más hermoso. En cierta forma lo que estoy diciendo es que hay diferentes niveles de motivación, desde las más egoístas o interesadas a las más generosas o desinteresadas.

Cuando vamos a cocinar, podemos examinar cuál es nuestra motivación, aceptar lo que hay sin juzgarnos negativamente (ya hablamos en otro lugar sobre la culpa, el juicio negativo, etc., algo que no nos ayuda en nada), y si podemos, aunque al principio sea un poco artificial, procurar reorientar nuestra motivación hacia una aspiración más elevada. Podemos pensar que esa comida sirva para que las personas que la van a comer estén bien alimentadas, tengan salud y felicidad. También podemos esbozar algo más espiritual (depende de cada persona, aquí solo estoy poniendo algunas sugerencias para que cada cual tome las que le apetezca), como que ese alimento no solo nutra el cuerpo de las personas que lo van a ingerir, sino que también les ayude a desarrollarse como individuos, que nutra también su alma, mente o espíritu (como prefiramos llamar a esa parte que no es física de nosotros).

De todas formas, si cuando vamos a cocinar no estamos bien, nos sentimos de mal humor o contrariados, es muy posible que la comida nos salga fatal. ¿No tenemos todos experiencias que ilustran esto? En mi caso, me pasa sobre todo cuando hago pan: si me encuentro mal, el resultado es un desastre (recordemos Como agua para chocolate, donde esta relación entre estado de ánimo del cocinero y el efecto sobre la comida y los comensales se plasma de una manera muy artística).

También podemos pensar en nosotros: que a través de este acto de cocinar se desarrolle en nosotros el altruismo y la generosidad. Que igual que combinamos y procesamos los alimentos para hacer algo mejor de ellos, que nuestra negatividad, nuestros problemas, aflicciones y sufrimientos se transformen en amor y sabiduría, etc. Lo importante para mí es que esta motivación nos saque de nuestros patrones habituales de egocentrismo, depresión y estrechez de miras, y nos ayude a abrir nuestra mirada a nuestro propio potencial como individuos, que es mucho, y a los demás.

Si de vez en cuando, mientras estamos preparando la comida, recordamos esta motivación, todo el acto de cocinar se convertirá en una meditación, aunque nuestra atención consciente no esté presente todo el rato. Hay más meditaciones que se pueden hacer en la cocina, de las que hablaré en otra entrada.

6 comments

  1. Pilar dice:

    Hola Luis ¡¡¡ ayer descubrí esta pag y me encanto ¡¡¡ descubrí a alguien que cocinaba con conciencia consciente, mas allá de lo sano, ecológico, etc .Que cocinaba no solo para el cuerpo, también para la mente, espíritu….que compartía parte de su practica y su experiencia ¡¡¡
    Hoy me llamo una amiga para pedirme una receta, una sopa con yerbas silvestres que comió en casa, hoy, años después aun recuerda un sabor , que dice la impresionó…hablando no solo de los ingredientes, si no, de la motivación, la conciencia al cocinar, me hablo de ti y de esta pag, que sorpresa ¡¡¡ no sabia que estabas en España. Gracias por tu iniciativa ¡¡¡
    Un fuerte, sincero y silencioso abrazo ¡¡¡

    • Luis dice:

      Pilar, muchas gracias por tus palabras, me animan a seguir en esto. ¿Quieres compartir la receta de la sopa? Por lo que parece, tiene que estar buenísima.

      • Pilar dice:

        Claro que si ¡
        En 4 cucharadas de aceite de oliva, pochar a fuego lento un puerro en aros finitos, dos zanahorias y un calabacín en cuadraditos sal, pimienta, añadir agua y dejar hervir 10 m. incorporar 1 puñado de hojas de diente de león picadas 1 hojas de capuchina y 2 de hojas de ortigas,dejar hervir 5 m. mas y listo ¡
        Como tu cocinas seguro que sabe a gloria ¡

        • Luis dice:

          Pilar, gracias por compartir la receta, tiene una pinta buenísima. Se me ocurre la reflexión de que igual que tú has integrado en tu plato haciéndolos protagonistas de la receta ingredientes que normalmente despreciamos porque los consideramos malas hierbas, hay situaciones o personas que damos de lado, pero que si supiéramos integrarlas en nuestra vida tal vez le darían un sabor más interesante, pero ¡¡qué difícil es a veces hacerlo!!

          • Pilar dice:

            Llevas razón… pero con las plantas solo tengo que salir a la puerta de casa, dar las gracias y cogerlas, las situaciones… vivirlas saber donde, como,porque afectan… las personas…como integras a quien no quiere ser integrado ?
            Intento hacer saber que estoy… las relaciones de cualquier tipo, siempre son cosas de dos no ?

          • Luis dice:

            Claro, las relaciones humanas son lo más difícil de gestionar. Con respecto a tu pregunta, creo que hay que respetar la voluntad de la otra persona, pero en cualquier caso, siempre podemos darle un lugar en nuestro corazón, aunque a nivel externo no nos relacionemos. A veces no estamos preparados para relacionarnos, o la otra persona no quiere, en fin, es complicado. Yo en mi comentario me refería más bien a personas que todo el mundo discrimina o rechaza, como personas indigentes, con discapacidad, etc., pero también podemos aplicarlo a relaciones personales que han ido mal, etc. Gracias por tus aportaciones.

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