Alimentación consciente 1

Podemos hablar de alimentación consciente a dos niveles. El primero es un nivel general, relativo a qué tipo de alimentos comemos, cómo enfocamos la alimentación, etc., de lo que hablaremos en esta entrada.  El segundo se refiere al acto de comer, al momento en el que estamos frente al plato, y de ello nos ocuparemos en otra entrada.

Comercio de proximidad

Mercado en Bamberg (Alemania)

Os invito a reflexionar sobre las funciones que puede desempeñar la alimentación: nos aporta nutrientes, nos brinda la oportunidad de relacionarnos con los demás, nos da placer, es una vía de escape para la ansiedad… En nuestra cultura cada vez le prestamos menos atención a la función de nutrirnos y más a las demás, sobre todo al aspecto placentero. A veces digo que nosotros basamos nuestra decisión de qué comer solo teniendo en cuenta la boca (el sentido del gusto), sin considerar las necesidades generales de nuestro organismo. Esa búsqueda de placer sin tener en cuenta los aspectos nutricionales puede llegar a extremos enfermizos o incluso autodestructivos, como las personas que a pesar de tener prohibido determinado alimento siguen ingiriéndolo de manera adictiva.

Amasar el pan que vamos a comer

Amasar el pan que vamos a comer

Nos hemos alejado de una forma de alimentarnos natural, sencilla y con productos sanos y naturales. En el primer mundo, el resultado es la proliferación de un conjunto de enfermedades relacionadas con la alimentación (obesidad, enfermedades coronarias por arteriosclerosis, diabetes, bulimia, anorexia…), mientras que en el tercer mundo muchas personas pasan hambre o están desnutridas. La búsqueda en el equilibrio en la alimentación no tiene solo un componente individual de buscar la salud, sino también un aspecto social a nivel global, de conseguir una sociedad más justa en la que nadie tiene por qué morir de hambre, ya que hay comida para todos. Cada uno de nosotros puede dar pasos en la dirección de buscar ese equilibrio, haciéndose más consciente de su alimentación y adoptando poco a poco unos hábitos más saludables y sostenibles.

Debido a diversos factores sociales y culturales, nuestra sociedad tiende a consumir más comidas preparadas (ya sea precocinados para comer en casa, o platos cocinados en restaurantes o por encargo a domicilio, etc.), siendo el extremo la comida basura, y le dedicamos menos tiempo a la cocina. Esto significa un alejamiento cada vez mayor del origen de los alimentos que consumimos. Se llega a decir que algunos niños en las grandes ciudades creen que la leche viene del tetra-brik.

La alimentación consciente frente a la comida basura

Comida basura

Esta situación tiene varias consecuencias: por un lado, tenemos menos control sobre los componentes y procesos de los alimentos, y normalmente la calidad de lo que comemos así es menor que si nosotros preparáramos la comida; por otro lado, perdemos la satisfacción de cocinar aquello que vamos a comer; además, es más fácil así considerar la comida como otro producto más de consumo, algo que compramos para satisfacer una necesidad inmediata, sin más, cuando en realidad el alimento es de lo que estamos hechos, es una de las formas más directas de relacionarnos con la materia. Poco a poco, nuestras manos han dejado de tocar materia orgánica, y sobre todo entran en contacto con productos artificiales: la ropa, el teclado del ordenador, el volante del coche… Tocar y procesar los alimentos que vamos a ingerir es una experiencia cada vez más lejana a nosotros, pero que podemos recuperar, aunque sea de manera esporádica. Por ejemplo, preparar nuestro propio pan es un placer que todos podemos darnos. En el blog iré incluyendo algunas entradas con sugerencias sobre alimentos que se suelen comprar ya preparados y que nosotros podemos hacer en casa, como el pan que acabo de mencionar.

La propuesta que hacemos aquí parte de hacernos conscientes de cómo nos relacionamos con la comida, cómo decidimos qué y cuánto vamos a comer. Pongamos cuidado en esa toma de conciencia, porque en ningún caso es positivo sentirnos culpables por lo que hacemos. Debemos poner mucho amor por nosotros mismos en este proceso, no juzgarnos, sino solo conocernos, profundizar en nuestros procesos. Hay un aspecto clave y es que cuando nosotros nos hacemos conscientes de algo, estamos sembrando las semillas de la transformación. Si nos damos cuenta de que no tenemos una relación muy sana con la comida, poco a poco y casi sin darnos cuenta veremos que iremos cambiando nuestros hábitos.

También podemos aprender a escucharnos mejor: qué nutrientes estamos necesitando, qué cantidad ingerir para no excedernos, etc. El desarrollo de la atención consciente nos va a ayudar a tener más conciencia de nuestras necesidades reales, y la práctica regular de la meditación reducirá nuestra ansiedad, de manera que de forma paulatina veremos cómo nuestra alimentación tenderá cada vez más a buscar un equilibrio, iremos incorporando alimentos más sanos y nutritivos y cometeremos menos excesos.

Slow food y alimentación consciente

Movimiento Slow

Nuestro consumo se irá volviendo más responsable si también tomamos conciencia de cómo se producen y comercializan los alimentos. Por ejemplo, si meditamos sobre el sufrimiento de los animales que nos comemos, seguramente iremos reduciendo nuestro consumo de carne y pescado. Propuestas como el vegetarianismo, la agricultura ecológica y el comercio justo son caminos que podemos explorar. También podemos reorientar nuestras compras hacia el pequeño comercio de proximidad, por muchos motivos: porque los grandes centros comerciales ejercen un papel muchas veces negativo con respecto al pequeño productor; porque así estaremos reduciendo las necesidades de transporte, con el efecto que esto tiene sobre la contaminación y el tráfico; porque estaremos fomentando un tipo de comercio más cercano y humano, o porque así nuestros barrios no serán solo ciudades dormitorio, sino que estarán llenos de otras actividades que son las que le dan precisamente ese sabor de “barrio”.

Movimientos como el slow food o el slow cities están fomentando ese tipo de actitud frente a la vida. Me parecen iniciativas muy interesantes a las que podemos contribuir.

Esto no significa que dejaremos de sentir el placer de una buena comida: se puede alcanzar un equilibrio entre salud y placer. Lo que estamos diciendo aquí es que normalmente sacrificamos todo lo demás en aras de ese placer, al que nos aferramos como si fuera a salvarnos la vida. Si generamos más ecuanimidad ante los alimentos podremos disfrutar de aquellos que nos gusten, y no nos sentiremos tan mal cuando alguna comida no nos guste tanto.

Como elementos prácticos, podemos tener en cuenta algunas sugerencias:

  • Tomarnos todas estas recomendaciones con cierto sentido del humor, sin fanatismo, como algo con lo que podemos ir experimentando y creciendo.
  • Siempre que podamos, cocinar nuestros alimentos, con las materias primas lo menos preparadas posible (por ejemplo, hacer pan en lugar de comprarlo, o en vez de tomar café tipo “Nespresso”, comprar café en grano de comercio justo o ecológico, molerlo y prepararlo en la cafetera tradicional).
  • Cuando vayamos a comprar alimentos, se aconseja ir con el estómago lleno, para reducir nuestra ansiedad ante la comida y no excedernos en las compras.
  • Hacer un plan semanal de comidas, teniendo en cuenta no solo nuestros gustos, sino también nuestras necesidades nutricionales.
  • Hacer meditación-reflexión sobre nuestra relación con la comida: nos sentamos en nuestro “rincón” de meditación y reflexionamos sobre cómo nos sentimos cuando tenemos hambre, cuando estamos comiendo, después de comer, cuando nos gusta mucho una comida, cuando no nos gusta nada, etc. Si durante la reflexión tenemos alguna comprensión o intuición, dejamos de reflexionar y nos concentramos en esa sensación durante un rato, luego seguimos reflexionando.
  • Informarnos sobre los productos que consumimos, las propuestas de productos ecológicos, comercio justo y de proximidad, etc., y tomamos pequeñas decisiones de cambio sin forzar.
  • Reflexionamos sobre las diferencias entre el primer y el tercer mundo, cómo aquí “morimos” por exceso y allí por defecto. Nos imaginamos cómo puede ser no tener nada que comer día tras día (no para sentirnos culpables, sino para hacernos conscientes de que la realidad es compleja, y aun así nosotros podemos aportar algo para cambiarla).

One comment

  1. Juan dice:

    Me ha gustado mucho lo que dices acerca de poner cuidado con sentirnos culpables y de como, por el mero hecho de poner consciencia, ya estamos transformado aquello que deba ser transformado.
    Hay una persona, a la que yo estimo mucho y a la que considero un gran maestro contemporáneo, que coincide contigo. En mi caso, he tenido la suerte de poder experimentarlo.
    El camino de la culpa es estéril y no conduce sino a más oscuridad. El camino de la consciencia es fecundo y no conduce sino a más luz.
    Un abrazo,
    Juan

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