Cocina y meditación (1): la atención consciente

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Os propongo que consideréis las diversas propuestas que aparecerán en este blog como invitaciones a experimentar, avivir sensaciones diferentes de las habituales, como si fueran recetas de cocina nuevas. Hay personas que cuando se les ofrece probar un plato desconocido arrugan la nariz y lo rechazan. Otras están abiertas a probar esos sabores desconocidos, sabiendo que si no les gustan, simplemente bastará con no volver a probarlos, pero que quizá quepa la posibilidad de que sí les gusten, y que puedan incorporar una nueva receta a su vida, enriqueciéndola así. De la misma manera, estas reflexiones son sugerencias para probar, experimentar, sentir, y aceptar o rechazar según el resultado.

Ahora se ha puesto de moda un término, mindfulness, que se puede traducir como atención consciente. En realidad, en los textos sobre meditación se lleva hablando de esta atención consciente desde hace cientos o miles de años, pero ya se sabe lo que son las modas, sobre todo si aparecen ligadas a un término en inglés: ahora están apareciendo libros, cursos, talleres y demás oferta varia sobre mindfulness, como si fuera algo nuevo.

Normalmente, cuando nosotros prestamos atención a algo, nos olvidamos de nosotros mismos, no somos conscientes de lo que sucede dentro de nosotros, cómo se relaciona nuestro interior con aquello a lo que estamos atentos. Por ejemplo, cuando un niño está viendo una película o jugando con el ordenador, no está pendiente de qué emociones le suscitan esas imágenes y sonidos. Incluso es posible que esa película o juego estén causándole daño por su contenido violento, pero él no es consciente de ello.

La atención consciente es diferente: la persona está atenta, pero su conciencia no queda “atrapada” en el objeto de su atención, sino que abarca también su propio ser, por lo que se trata de una experiencia mucho más integral, abierta y calmada.

Nuestra capacidad de atención consciente se puede entrenar, existen muchas técnicas de meditación para ello, algunas de las cuales iremos compartiendo en el blog. Los beneficios o ventajas de este adiestramiento son muchas. Por ejemplo, como señala el monje zen Thich Nhat Han, el mejor regalo que podemos hacer a la persona amada es estar presentes, porque es posible que nuestro cuerpo esté con la persona, pero nuestra mente puede estar en otro lugar. Sin embargo, si hemos desarrollado nuestra atención consciente, nuestra mente tenderá menos a divagar, a perderse en ensoñaciones, y tendremos más capacidad de estar presentes en lo que hacemos.

 

La atención consciente también nos ayuda a estar más en calma, a que nos afecte menos el estrés, las tensiones emocionales de la vida y los problemas se viven de otra manera.

El acto de cocinar es un buen momento para entrenar la atención consciente. Mientras pelamos las patatas, o troceamos la verdura, lavamos la lechuga o rehogamos la cebolla, podemos tomar conciencia de nosotros mismos y de lo que hacemos, y sin forzar la mente, con mucho cariño podemos poner nuestra atención en lo que hacemos, con un poquito de esa conciencia mirando nuestro interior, de manera que cada vez que descubramos que nos hemos ido, que nuestra mente está pensando en otra cosa, con mucha suavidad la traemos de nuevo a lo que estamos haciendo, sin reproches, sin sentirnos mal por habernos distraído, con una sonrisa interior.

Al principio nos parecerá difícil, pero con la práctica iremos descubriendo que el acto de cocinar, cuando se hace con ese tipo de atención, se vuelve mucho más rico e interesante, estaremos cocinando con todo nuestro ser. Y veremos el efecto terapéutico que esto tiene para nosotros. Veremos cómo los problemas, preocupaciones y tensiones se disipan o cambian de gravedad en esos momentos en los que estamos totalmente presentes con los alimentos que vamos a preparar. Las personas más sensibles incluso podrán sentir que la comida queda mejor, con otra energía.

Como siempre se dice, esto no es una teoría que haya que aceptar sin más, invito a que la pongáis en práctica si os parece interesante.

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