Gomasio y la tradición

“Vosotros sois la sal del la tierra. Pero si la sal se hace insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada, sino para tirarla afuera y que la pisoteen los hombres.”

(Mateo 5:13).

 

El gomasio es un condimento que podemos incorporar a nuestra dieta, porque es una forma interesante de tomar sal y porque aporta los beneficios del sésamo, como su alto contenido en calcio y aceites “sanos”. Hay determinados alimentos que llevan sal como ingrediente principal: la salsa de soja (de calidad, también el tamari), el miso o el gomasio, que parece que ayudan a asimilar la sal de una manera más adecuada. En mi experiencia, la comida que se sala con estos preparados no da tanta sed como cuando añadimos simplemente la sal de forma directa.

Semillas de sésamo tostadas en una sartén

Semillas de sésamo tostadas en una sartén

La mayoría de expertos en nutrición aconsejan minimizar el consumo de sal, e incluso algunos llegan al extremo de sugerir que se suprima totalmente de la alimentación. Mi idea al respecto es que si tuviéramos una dieta rica y variada, y los alimentos que tomáramos fueran ecológicos, seguramente incorporarían la cantidad de sales minerales que necesitamos y no sería precisa la sal extra. Pero los vegetales cultivados en tierras semi-agotadas, con fertilizantes químicos, recogidos antes de su maduración, etc., y los animales alimentados con preparados artificiales difícilmente posean dichas sales en cantidad suficiente y con una buena calidad. Por tanto, opino que necesitamos tomar algo de sal, aunque debo insistir en que es solo mi opinión, no sustentada en ninguna experiencia propia.

Con respecto al gomasio, aconsejo elaborarlo en casa, y en cantidades reducidas, ya que se enrancia pronto. Una vez hecho, se puede guardar en un recipiente hermético en el frigorífico.

La proporción entre sal y sésamo depende de nuestro gusto. Yo he probado diferentes combinaciones, desde siete hasta diez partes de sésamo (por ejemplo, cucharaditas) por una de sal. Las fotos que muestro aquí son de dos cucharaditas de sal y dieciocho de sésamo.

El sésamo que se usa es blanco y crudo, y si es posible, ecológico. La sal que sea marina no refinada y sin aditivos. No he probado a hacerlo con otras sales, como la del Himalaya o similares.

Mi suribachi

Mi suribachi

Se usa una sartén, en la que se coloca la sal que se “tuesta” a fuego medio durante unos 30-45 segundos, removiendo con una paleta o cuchara de madera. Se retira la sal y en la misma sartén se tuesta el sésamo con el mismo procedimiento, durante 3-5 minutos. Esta actividad de tostar el sésamo es muy interesante para practicar la atención consciente en los sentidos. La vista juega un papel esencial, por supuesto, ya que podemos ir viendo el movimiento de las semillas, los patrones que van formando en la superficie de la sartén y cómo cambian ligeramente de color. Podemos aplicar la atención asimismo al olfato, identificando el aroma del tueste. El movimiento de nuestra mano y las sensaciones que produce haciendo girar la cuchara continuamente para conseguir un tostado homogéneo son también un posible objeto de nuestra concentración. Incluso el oído juega su papel aquí, ya que podemos percibir un sutil cambio en el sonido que produce el rozamiento de las semillas al ir calentándose progresivamente. Se puede ir alternando la atención de un sentido al otro, o intentar prestar atención plena a todo lo que pasa, con todo nuestro ser.

Cuando está tostado el sésamo, lo dejamos enfriar y lo mezclamos con la sal. Para moler esta mezcla el utensilio tradicional es el suribachi, que es un mortero de superficie estriada para que se “agarren” los granos y sea más fácil molerlos, aunque también se puede usar un molinillo de café (limpio de olores). Yo me compré el suribachi hace unos meses (me costó unos 8 euros aproximadamente, se puede encontrar en tiendas de productos naturales), así que durante años he usado el molinillo de café, pero puedo deciros que la experiencia es totalmente diferente, porque moler a mano nos permite, una vez más, practicar la meditación mientras cocinamos, sentir lo que hacemos de forma más directa. Hacer las cosas de forma “tradicional” tiene cierto sentido, como veremos más abajo.

Recomiendo moler por lotes: poner poca cantidad cada vez en el mortero y conforme vayamos moliéndola, pasarla a otro recipiente, en lugar de llenarlo hasta arriba, porque el proceso se dificulta mucho.

En cualquier caso, la idea es que no quede muy molido, incluso que algunas semillas queden enteras (algunos expertos hablan de que un 20% aproximadamente queden sin moler).

El resultado: gomasio (se pueden ver semillas enteras, otras partidas...)

El resultado: gomasio (se pueden ver semillas enteras, otras partidas…)

Podemos utilizar el gomasio para aderezar cualquier plato, os invito a experimentar. A mí me gusta especialmente en las ensaladas, pero en otros guisos también queda estupendo.

La cita de los Evangelios con la que comencé esta entrada siempre me llamó la atención. La metáfora se puede aplicar a muchos aspectos. Por ejemplo, si se extingue una especie animal o vegetal, la hemos perdido para siempre (salvo que se haga realidad “Parque jurásico”). Lo mismo sucede con los idiomas, las tradiciones artesanales, etc. En España había un programa que se llamaba “Oficios para el recuerdo”, que recogía esas profesiones que ya nadie ejercía. Los protagonistas eran casi siempre personas muy mayores que no habían conseguido legar su oficio a ningún aprendiz. Hoy, sin embargo, hay un movimiento muy interesante para recuperar ese legado: personas que intentar recuperar las tradiciones (oficios, juegos, cuentos…) para que no se pierdan en el olvido. Mantener ciertas tradiciones es importante, no por miedo al cambio o porque “cualquier tiempo pasado fue mejor” sino porque así se puede perpetuar una actividad interesante. Como ya he dicho en otras entradas, es maravilloso hacer las cosas a mano, a su ritmo, deleitándonos en sentir la materia…

Con respecto a la espiritualidad, cuando una religión o camino pierde el “corazón”, la experiencia profunda de la verdad, se convierte en un conjunto de teorías y ritos vacíos, sin vida. Es difícil mantener un linaje de vivencia auténtica, porque exige un esfuerzo: experimentar y practicar requiere más de nosotros que seguir ciegamente un ritual. Se nota cuando alguien habla desde la experiencia y el corazón y cuándo lo hace desde la rigidez de la norma y la frialdad de la mera teoría. Por eso es tan importante practicar, vivir la espiritualidad, seguir un camino con corazón.

Si las personas cuya misión es guiar a los demás en el camino espiritual son insípidas, su “sal” ya no “sala”, están vacías del amor que predican, ¿quién les devolverá el sabor?

Cumpleaños

El día 28 de diciembre este blog cumple un año. Eso significa que la tierra habrá dado una vuelta alrededor del sol, a una velocidad de unos 107.000 kilómetros por hora. Podríamos pensar que en ese recorrido, nuestro planeta ha regresado al mismo lugar de donde partió. Pero no es así, porque el sol y todos los planetas que orbitan a su alrededor viajan por la galaxia a unos 790.000 kilómetros por hora. A su vez, la galaxia viaja por el espacio a unos 900.000 kilómetros por hora. Por tanto, aunque estemos dando vueltas, nunca regresamos al lugar del que partimos. Seguir leyendo

Viernes negro, muy negro

Hoy es Viernes negro, Black Friday en inglés, ese día en que se inauguran las compras navideñas en Estados Unidos. Esta costumbre, como otras tantas, se está importando a nuestro país, por la influencia que los medios de comunicación tienen en nuestro comportamiento (aprovecho la ocasión para decir que no me gusta Halloween, fundamentalmente por la forma en la que ha entrado en nuestra cultura, a través de las películas de Hollywood).

Colas en Nueva York en el Black Friday. Fuente: La Vanguardia

Colas en Nueva York en el Black Friday. Fuente: La Vanguardia

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DiscoSopa

Os invito a leer esta entrada de Alterconsumismo, un blog que incluyo entre mis recomendados.

Yo no puedo ir al evento, pero me parece una idea muy interesante.

 

 

Compartir: rollitos de primavera vietnamitas vegetarianos

En las películas de Hollywood se nos enseña repetidamente que el héroe que resuelve los problemas es una persona individual, un líder. No es la comunidad o la fuerza de la cooperación entre la gente la que transforma la realidad, sino el individuo, y si participa un colectivo, siempre es bajo el mandato de ese líder.

En las películas estadounidenses los héroes son personas, no colectivos

Héroes individualistas en las películas estadounidenses

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Camboya: el buda decapitado

En Camboya la religión predominante es el budismo theravada. Existen dos grandes corrientes en el budismo: la theravada (también llamada hinayana) y la mahayana. La primera se practica en el sudeste asiático: Birmania, Tailandia, Camboya, Laos y Sri Lanka. La segunda fundamentalmente en Tíbet, China, Mongolia, Vietnam, Japón y Corea. Existen muchas diferencias entre ambas corrientes, pero la fundamental es la finalidad de la práctica. En el budismo theravada cada uno practica para liberarse del ciclo de existencias cíclicas, llamado samsara. El practicante busca su propia liberación del sufrimiento. En el budismo mahayana, la finalidad de la práctica es desarrollar las cualidades necesarias para poder ayudar de manera más efectiva a todos los seres, incluido uno mismo, a liberarse del sufrimiento. Por tanto, en la segunda corriente, la motivación hace un hincapié especial en ayudar a los demás. Seguir leyendo

Camboya: vidas rotas

“Nadie te quiere de vuelta cuando has trabajado en un burdel. El término que se usa en camboyano para decir ‘prostituta’ es srey kouk, ‘mujer rota’, rota de manera que ya no se puede arreglar. Quedas destrozada para siempre y tu mera existencia avergüenza a tu familia.”

Somaly Mam, El silencio de la inocencia

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Comer en Camboya

En solo dos semanas es difícil hacerse una idea clara de cómo es la cocina camboyana, pero voy a plasmar al menos mis impresiones hasta la fecha.

La primera es que en la capital muchas personas comen fuera de sus hogares: hay una oferta increíble de pequeños puestos ambulantes de comida, y en los mercados también se vende comida preparada in situ. Lo más frecuente es el uso de la barbacoa, para pescado, carne, mazorcas de maíz, pero también se cuece en recipientes sobre estufas portátiles (como en la foto)…  En las zonas rurales se tiende a comer más en la casa.

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Puesto de comida preparada en un mercado

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Llegada a Camboya

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Edificio en el recinto del Palacio Real

Me encuentro realizando un trabajo en Phnom Penh, capital de Camboya, que durará un mes y quisiera compartir en el blog algunas de las experiencias que estoy viviendo.

Al llegar lo primero que llama la atención, además del calor, es el caos de tráfico: miles de motos, tuc-tucs (carritos tirados por moto), bicicletas y automóviles cruzándose como si formaran trenzas y cambiando de dirección sin tener en cuenta si se tiene o no la preferencia… Lo siguiente que me sorprendió fue que nadie se enfada por ello, y aunque continuamente están tocando el claxon, no es para regañar sino para advertir. Seguir leyendo

El ayuno (2)

Buda ayunando

Buda ayunando

Cuando Siddharta Gautama inició su búsqueda espiritual, antes de llegar a ser el Buda, es decir, “el que ha despertado”, se unió a un grupo de ascetas mendicantes, que buscaban la liberación espiritual a través de la mortificación del cuerpo. Así, entre otras prácticas “extremas”, se dice que solo comían un grano de arroz al día. Como resultado de eso, Siddharta fue adelgazando, hasta casi llegar a morir. La leyenda, muy conocida, cuenta que un día oyó a un músico que hablaba sobre cómo afinar la vina, un instrumento indio parecido a un laúd: “Si tensas demasiado la cuerda, se rompe, pero si la dejas demasiado floja, no suena…”. Seguir leyendo